14-05-2015 08:58

General

Diario de Cannes


Desde el Festival de Cannes, aprovecho para compartir con todos vosotros mis impresiones diarias, los títulos más destacados y la vida en este inmenso escaparate cinematográfico, del cual seguro traeremos buenas películas de género a Sitges.



13/5/2015
Comienza el festival, se preparan la alfombra roja y las galas. Pero para directores y programadores de festivales, Cannes es reunión tras reunión, película tras película y mucho circular por una Croisette impracticable.

El día da para mucho y pudimos ver una procesión sin fin de lo mejor de cada casa, destilando el fantástico y alrededores para traerlo aquí, o sea, al Festival de Sitges. Y así, y tras colas interminables e intentos fallidos, pude ver la primera película de la sección oficial, Tale of Tales de Mateo Garrone, bella investigación de las raíces del cuento europeo, a veces divertida, otras cruel y aterradora. Después, saludos y risas con la gente de Fantastic Fest de Austin, Toronto, con intercambio de informaciones suculentas. Y ahora cierro, intento dormir porque mañana despierto con Mad Max.


14/5/2015
El día ha empezado muy pronto, madrugón a las 6 para estar en la fila del Lumière, pase de prensa de Mad Max:Fury Road. Expectación alta, hype extremadamente positivo. Y con razón. George Miller reinventa su mítica saga sin practicar el remake clásico sino explorando con narrativa perfecta e imágenes impecables el mundo post Apocalipsis. Como cine de acción lo mejor, pero como película de ciencia ficción es una obra maestra absoluta. Coreografías de acción que ilustran a modo de ballet enloquecido una ópera de fuego y sol ardiente en el propio infierno. Hardy, Theron, Hoult... impecables. Sueño con esa Imperator Furiosa, ese villano Inmortan... El futuro (apocalíptico) nunca volverá a ser igual tras Mad Max: Fury Road... ni el cine.

Luego hubo tiempo de peliculitas como The Pack, una de perros malísimos con alma de TV movie efectivo. Y Japón, siempre Japón con el fresco y jovial Sono y un algo apagado Kitano. Día de reuniones, encuentros con la industria y todo bajo la sombra de una película que puede haber revolucionado el cine. Hoy en Cannes Mad Max ha reinado... mañana en todo el mundo.


15/5/2015
Hay gente que no cambia y autores que son siempre fieles a su estilo. Lanthimos lo demuestra con The Lobster, una distopía surrealista rodada con medios y un gran cast pero cuyos mejores momentos responden a lo que hacía grande Canino. Extraordinario Colin Farrell, en uno de esos papeles que se cree y borda. 

El día tuvo de todo, encuentros con la entusiasta gente de Blood Window abriendo fronteras del fantástico en Iberoamérica, películas de zombis coreanas en animación muy autoral por el equipo de The Fake e incluso un animado y multitudinario encuentro en el stand español con la gente de nuestros cines, donde había un delicioso jamón que no sobrevivió a un pase de bandejas. Y es que estamos ya hartos de pasta y queso, que es lo único decente -a precio asequible- que se puede comer en este Cannes inhóspito. 

En el mercado, un par de sorpresas que aún no puedo comentar, y en el fondo los silbidos que se llevó Gus Van Sant y la frialdad con Allen. Seguro que con el plasta de Moretti no se atreven...


16/5/2015
Que se compare la extraordinaria exquisitez de Carol, de Todd Haynes, con la apática aportación de Moretti (si es que aporta algo) es incoherente, pero ambas compiten por la Palma de Oro, por extraño que pueda parecer. Manuel Gomes nos abruma con su Arabian Nights en tres entregas y demuestra ser el mejor director portugués del momento.

En la semana de la crítica, asomó el fantástico en Ni le ciel ni la terre, una de soldados franceses en Afganistán con rollito sobrenatural de fondo. Exceso de sugerencia y pretenciosidad para una película que no carece de interés.

Era un día de fiestas y mucha aglomeración en Cannes, un festival donde aunque tengas invitación para una fiesta, e incluso una película, quizá no entres; un lugar donde sentarse a comer es una entelequia por tiempo y disponibilidad, y en el que pasas el día haciendo colas para todo. Pero es Cannes, el cine... Sin él, la ciudad sería nada.


17/5/2015
Green Room, de Jeremy Saulnier, quizá sea la película más Sitges vista estos días aquí. Para mí, mucho más potente y propiamente de género que la apreciable Blue Ruin, Green Room coloca a Saulnier entre los grandes directores emergentes del panorama del género internacional. Una de las sorpresas que suele dar la Quincena de Realizadores, algo mas tacaña este año en este tipo de productos.

La catalana El cadáver de Ana Fritz triunfa en la Selección Blood Window y sigue generando estupendas vibraciones entre los especialistas internacionales y programadores de festivales. He tenido el placer de presentarla en Blood Window con reacciones estupendas y se sitúa en cabeza de las películas nacionales de género del año. 

Todos dicen que Cannes ya tiene su Palma de Oro: Carol, de Todd Haynes. Aun faltan Sorrentino, Hou Hsiao Sien y las sorpresas, sin descartar que el jurado se vuelva loco y se la dé a Moretti. Ya pasó una vez... Tengo pesadillas con eso.


19/5/2015
Sicario de Villeneuve es una de esas películas bien trazadas, con caligrafía narrativa y visual perfecta, que demuestra lo grande que es el realizador canadiense y cómo el impacto de sus primeros trabajos y el recuerdo imborrable de Enemy no eran mera ilusión. Sicario quizá no sea una película para 
que la aprecie la mayoría de la (aburrida) crítica acreditada en Cannes, pero es lo que debería ser un producto comercial de calidad en el Hollywood de hoy. 

Catarsis colectiva de la crítica sobre Pixar e Inside Out, que resulta curiosa. Hace solo dos o tres años hubo una coalición internacional para certificar la decadencia de la factoría y ahora se lamentan (falsamente) de que Inside Out no vaya a concurso. algo que podría evitar el peligro de que alguna película con fecha de caducidad gane la Palma de Oro. Pero muchos de los que lo dicen no lo piensan, solo hacen una pose de adaptados para quedar como críticos abiertos. Detrás de todo ello, un hecho incuestionable que muchos quieren ocultar: Mad Max: Fury Road, Carol, Inside Out o Sicario son lo mejor de Cannes por el momento... Todas son cine norteamericano, de muy diferente clase, pero incluso con ribetes clásicos. Mientras aplaudimos insensateces como obras maestras que no lo son...


20/5/2015
Cada año que pasa me aburre más ese ceremonial de la superficialidad y la estupidez de las alfombras rojas de Cannes, las fiestas a las que hay que ir para ser visto y la cobertura de todo ello por los medios. Este año he evitado tener que ver películas embutido en incómodos trajes, acudir a esas fiestas donde todo son sonrisas e intereses y buscar dónde está el cine. Pues enterrado entre cifras, yates y lujo de pacotilla. Y lo encuentras en el trabajo de cierta crítica, profesionales del cine, distribuidores o directores de festivales. Con eso te quedas y nada más.

El cine, con Sorrentino demostrando que es el mejor director italiano del momento en Youth, aunque toque ponerlo en solfa, claro. Con Jaco Van Dormell volviendo a sorprender con la genial The New Brand Testament, la verdadera sensación de esta edición de la Quincena, junto a Green Room. O con Hou Hsiao Sien con la magistral The Assassin, o el cine wu xia elevado a la máxima potencia de la poética. 

La gente se volvió loca por ver Love, de Gaspar Noé, presunto porno en 3D. Tres cuartos de hora de retraso, gente de smoking queriendo escándalo fácil. Qué saben ellos de lo que significa el cine de Noé. Ni nada. Un ejemplo más de la insoportable levedad de Cannes.

21/5/2015
Último día para mí y el equipo de Sitges en Cannes. Buenas sensaciones, objetivos cumplidos e ilusión por lo que nos llevamos para octubre a nuestro querido Festival. Quedan atrás más de diez días de colas de hora y media para ver una película en un pase de prensa, y de dificultades para ver en el mercado películas porque la capacidad de las salas es ridícula (te puedes quedar fuera a pesar de haber pagado una cantidad notable por una acreditación). Diez días de horarios que se solapan, de filas mal organizadas, de una sensación algo decepcionante para el supuesto mejor festival de cine del mundo. El ejemplo fue el caótico pase de medianoche de Love, de Gaspar Noé, donde cientos espectadores con ticket se quedaron fuera tras dos horas de cola.

Cannes es un modelo algo caduco de Festival, necesita urgentemente alguna sala complementaria y mucha más empatía con la prensa y los profesionales que lo hacen existir. No hay público en Cannes, no hay venta de entradas, falta ese punch de pasión, de veracidad. El cine convertido en evento (odio ese término) y en moneda de cambio, en exhibición de prestigio y de, en ocasiones, estupidez. Queda el trabajo de los programadores, que recorren el festival y el mercado para poder rescatar del caos de la Croisette la esencia de las tendencias, para transportarlas a foros donde serán mejor apreciadas. Y así pasa que lo mejor de Cannes no es ni lo que aplaude la crítica ni lo que gana la Palma de Oro, sino lo que queda en los meses siguientes refrendado por certámenes mas auténticos, donde el público participa y el cine brilla por lo que tiene dentro y no por cómo luce por fuera.

Un final que tuvo la reflexión bella, íntima, surreal y tierna del Youth de Sorrentino, destrozado por los que esperaban La gran belleza 2 o la misma película, los que no saben leer entre las pautas de un gran autor. Un final marcado por los ritmos del escándalo de Love, que no lo es tanto, aunque Cannes lo haya relegado a la medianoche prefiriendo ese cine francés inútil y plano en la competición. Y un final a ritmo del mejor Takashi Miike, que brindó en la Quincena una fiesta total con una de sus mejores películas, Yakuza Apocalypse. Orgía de gángsters, vampiros, monstruos y fin del mundo, especie de relectura hiperbólica de la saga Dead Or Alive, y que subraya una vez más el genio imperturbable del gran director nipón, demostrando que quizá el cine es eso, lo suyo, más que otras masturbaciones falsamente intelectuales, tan ridículas como olvidables. 

Así, con Miike, Cannes 2015 termina casi como empezó, con Miller y Mad Max, recordando la esencia del cine, reivindicando la locura de la creación y la necesidad de agitar un mundo abatido por el aburrimiento, lo políticamente correcto y la hipocresía global. 
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