17-03-2014 09:43

General

En defensa del cine de género

El éxito de Ocho apellidos vascos, como el de La gran familia española o Tres bodas de más, es una buena noticia para todos. Quizá algunos tengamos opiniones personales sobre este tipo de comedias a veces no muy positivas (personalmente, sólo la película de Javier Ruiz me parece una buena comedia), pero eso no es un problema para alegrarse del éxito en taquilla de estas propuestas. De la misma forma que uno se alegra de que funcionen bien en el box office productos foráneos por las consecuencias positivas que ello tiene en la industria de la distribución y exhibición, independientemente de la opinión que tengamos sobre títulos en concreto algo hinchados, como puede ser Doce años de esclavitud, o decididamente olvidables, como muchos blockbuster procedentes de Hollywood o éxitos mainstream del cine europeo como la famosa Intocable
Pero las declaraciones de Emilio Martínez-Lázaro afirmando que el cine español tiene los mismos males que el norteamericano ("nunca salimos de los géneros") me parecen erróneas. En primer lugar, la ubicación genérica ha dado los mayores momentos de gloria al cine de Hollywood (sólo hay que pensar en el gran cine negro de los 40, la ciencia-ficción de los 50, el western, el policiaco de los 70 o el fantástico de los 70-80) y no ha generado problemas. Obras maestras como El hombre que mató a Liberty Valance, Sed de mal, Tiburón o Chinatown son cine de género, sólo citando algún ejemplo de los cientos que aquí se podría. 
Y, precisamente, uno de los problemas endémicos del cine español es no haber cultivado de una manera sistemática un entramado de cine de género con potencial industrial que hubiera hecho más fuerte la dinámica de producción en nuestro país. Da la impresión que Martínez-Lázaro considera sólo género al cine de terror (en concreto, películas de vampiros, que en España hay pocas, la verdad) y desprecia a los creadores de este tipo de cine: "hay un tío en Barcelona que se llama Balagueró y que las hace como Dios....pero el resto, flojitas". 
Bien, parece ser que no cuentan ni Álex de la Iglesia, Amenábar, Bayona, Plaza, Maíllo, Cortés, Vigalondo, Vivas, Morales y tantos otros, ni películas como El laberinto del fauno, Enemy o El espinazo del diablo, producidas aquí con directores de fuera que han querido participar en nuestra industria de género. Y nos olvidamos de que excelentes películas como Celda 211, No habrá paz para los malvados, Grupo 7, Caníbal... también son cine de género, señor mío, como lo son Ocho apellidos vascos, Tres bodas de más o la saga Torrente.
El fantástico ha ayudado a tener un cine español de repercusión internacional del que nos sentimos orgullosos; una industria en la que cabe cualquier película, cualquier género, cualquier propuesta autoral. Eso nos hace grandes, globales y que se señale a nuestro cine como un centro de talento ilimitado, a pesar de la crisis y los problemas que muchos se empeñan en agrandar desde instancias que deberían ayudar. 
No cometamos el error de Francia o Italia de desterrar los géneros en pro de un cine de personalidad, algo que ya ha pasado en este país demasiadas veces. Todos nos alegramos del éxito de la comedia española, del éxito del cine fantástico, de un cine español que pese a las dificultades sale adelante por el talento que invierte en él. Tenemos la responsabilidad de protegerlo, hacerlo rico artísticamente, variado e industrialmente viable. Por ello debemos de dejar de decir tonterías, señor Martínez-Lázaro. Y, si queremos opinar, hagámoslo con conocimiento de lo que decimos, y no refiriéndonos a "un tío en Barcelona", o identificando género con películas de vampiros. Por favor.
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