10-10-2016 17:51

General

30 AÑOS

Hace unos años el brillante spot del Festival de Sitges terminaba con una hilarante y brillante frase :”30 años de una matanza que comenzaba con un huevo que se abría”. Así se anuncio el aniversario de la legendaria “Alien: el 8º Pasajero” y este año le ha tocado a su secuela o mejor dicho, expansión: “Aliens: el Regreso”.
Dentro de la fiebre de secuelitis de las que muchos se quejan pero que van todos a verlas, el caso de “Aliens” (¿como te atreves James? ¿una 's' en lugar de un 2?) se ubicaría en esas raras excepciones de las que solo unas cuantas segundas partes como “Star Wars Episodio V: El Imperio Contraataca” o “El Padrino 2ª parte”. No voy a decir que es superior al original, esas palabras no saldrán de mi boca. Al igual que hiciese la segunda película de la saga galáctica, “Aliens” expandió ese universo ya visto en su predecesora. James Cameron, hábil y astuto como pocos,  decidió ir más allá del copia y pega de la legendaria película de Ridley Scott. Cameron cogió los elementos que funcionaba y, inteligentemente, decidió que el peso del film recayera no solo sobre una soberbia Sigourney Weaver sino en las relaciones entre madre e hija que vertebran la película, ya sea entre Ripley y Newt como la Reina y sus huevos.
El director recreó un nuevo tipo de terror, más basado en el inacabable número de alienígenas que en la claustrofobia que Scott manejó con tanta soltura, sacrificando así la condición de invencible que tenía en la anterior película. Añadió acción pero sin olvidar la tensión, profundizó en la terrorífica especie alienígena que se vio ampliada con la presencia de esa hermosa y terrible Viuda Negra que es la Reina y, por encima de todo, entendió que era Ripley y no la sangre, el miedo o las babas lo que hacía que la gente se quedara enganchado a su butaca en la película primigenia. Entre el director y la actriz elaboran una increíble evolución del personaje de Ripley, encontrando sus puntos flacos, sus motivaciones pero sin olvidar su fuerza física y emocional.
Si “Alien: el 8º Pasajero” tenía escenas para el recuerdo su secuela no se queda atrás. Momentos como la huída en el APC, sus carismáticos soldados, el duelo de madres con frase para el recuerdo... son solo algunos de los momentos que la cinta reserva para los que no hayan visto todavía tan magnífica película. Si es que queda alguien.
Ayer se cumplieron 30 años no solo del estreno en cines sino también de su paso por Sitges. Y aprovechando la ocasión el Festival se decidió a celebrarlo a lo grande. Con la ayuda de Phenomena, los espectadores pudieron experimentar el pase que disfrutaron de la película en el Festival hacía tres décadas. Después de la introducción a cargo de Ángel Sala, subieron los mismos que presentaron la película en su día: Joan Lluis Goas y otro hombre con cuyo nombre no pude quedarme. Tras unas breves palabras subió el siguiente invitado de la noche. Precedido por una calurosa ovación hizo acto de presencia Michael Biehn ( el Cabo Hicks) que se mostró agradecido por aquel estallido de cariño del público Tras un divertido Q&A improvisado con el público y animados por Goas se cantó un cumpleaños feliz a la estrella de la saga Alien, Sigourney Weaver. Si la mujer se enteró o no es algo que escapa a mi conocimiento. 
Tras 4 trailers de películas de la época (Near Dark, House, The Fly y Angel's Heart) comenzó la película. Como remate final proyectada en sus originales 35mm y con traducción simultánea por los auriculares repartidos a la entrada. Sí, lo admito, los auriculares fueron fuera a los 5 minutos y me tragué la película en V.O. Y sin subtítulos pero como uno de la sabe de memoria poco importa. Eso sí, la parejita que había detrás comentando la película durante la proyección acabaron por amargar a más de uno la experiencia. Por lo demás una experiencia altamente retro y disfrutable patrocinada por Weyland Yutani (Buiding better worlds). Aunque no sé si es el patrocinador más recomendable.

Per Aitor Hachea, 10/10/2016
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