Trash Humpers

de Harmony Korine

Trailer

Sinopsis

Unos personajes ataviados con unas espeluznantes máscaras de ancianos deambulan por un barrio de Nashville cometiendo todo tipo de tropelías. Entre sus variopintas formas de pasar el tiempo encontramos el allanamiento y destrucción de casas abandonadas, la fornicación de contenedores de basura o noches de vino y rosas con prostitutas obesas. Trash Humpers no es una película, sino un objeto fílmico no identificado, grabado en viejas cintas VHS y posteriormente hinchado a 35mm., que se resiste a cualquier tipo de clasificación y con el que Harmony Korine recupera la fascinación por la estética feísta que caracterizó sus primeras obras.Maldito sea Korine o la crisis del críticoCuando escribí por primera vez sobre esta película que no he querido volver a ver, la califiqué como “una serie de viñetas repulsivas expuestas a modo de fotografías en movimiento sobre una tierra mítica convertida en basurero de las fantasías menos agradables que imaginarse pueda”. Y continuaba: “Quienes conozcan la filmografía anterior de Korine […] ya sabrán de qué va la cosa. Quienes no tengan ese privilegio, que vean Trash Humpers y después hablamos. ¿Se imaginan a unos tipos con máscaras que parecen salidas de La matanza de Texas intentando follar con un contenedor? ¿Quieren ver a un niño de corta edad, vestido de tonto del pueblo, destrozando a martillazos el cráneo de una muñeca? ¿Desean asistir a extrañas ceremonias en la oscuridad, de calles inhóspitas o interiores desolados, donde se realizan misteriosos rituales escatológicos? Si es así, Trash Humpers es su película. Si no, vayan igualmente a verla, pues descubrirán algo muy importante para entender el mito del cine americano. Por supuesto, aquí ya no se trata de Hollywood y el glamour. Tampoco del cine independiente y cierta poética del perdedor y la América profunda, instigada por el recuerdo de las fotos de Walker Evans y la literatura de Raymond Carver. Y, sin embargo, también hay romanticismo en las imágenes de Korine. Un romanticismo negro, muy negro. Un romanticismo que a veces nos hace fruncir el ceño y preguntarnos qué narices estamos viendo. Pero igualmente un romanticismo de verdad, de patada en el estómago y codazo en el pecho, de rechazo visceral de una realidad transmutada en delirio pesadillesco. Estamos en el abismo, y la América de Korine aparece instalada en el corazón de ese precipicio hacia la nada. Una nada que es su película, arte conceptual en estado puro, pero también una advertencia: ésos son frikis de verdad y los demás sólo aficionados”.Revisadas ahora, estas palabras me parecen huecas, retóricas, pero también muy justas: expresan mi desconcierto ante una película que me sobrepasaba y que, a la vez, ejercía una extraña fascinación sobre mí. Nunca he sentido una especial querencia por el cine de Korine, siempre me ha parecido que su “radicalidad” era demasiado fácil, mera provocación, épater le bourgeois. Pero con Trash Humpers fue distinto. Todo eso que transcribí con estilo de crítico-funcionario-graciosete (es decir, aquel que no sabe muy bien qué decir y acude a su arsenal de frases hechas para salir del paso) tenía algo de impostado (como casi la totalidad de lo que escribimos los críticos de cine) pero también mucho de verdad. Sobre todo, ahora que lo pienso, esa comparación entre el frikismo y el arte conceptual. En la película de Korine, no se sabe bien dónde termina uno y empieza otro, como en muchas salas de exposiciones y en muchas películas contemporáneas. ¿Quién es más freak, Sharon Lockhardt o Judd Apatow? Trash Humpers deja en evidencia a ambos, pues sitúa en el límite el concepto de lo soportable en el cine, aquello que el espectador puede tolerar. Banalidad ilegible, escatología gratuita, abstracción impremeditada, experimentación con la cultura basura… Korine consigue con esta película lo nunca visto: no sé si es buena o mala, pero su recuerdo todavía me persigue porque logró poner en evidencia tanto mis limitaciones como las del mercado artístico actual. Todos chapoteamos en el corazón de esa mierda sin saber muy bien qué hacer. Y no, no volveré a verla.CARLOS LOSILLA

Director

Harmony Korine

Bolinas, California, 1973. Paradigma del enfant terrible desde que proporcionase a Larry Clark el guión de la controvertida Kids (95), sus trabajos tras la cámara –como Gummo (97) o la dogma Julien Donkey-Boy (99)– confirman su fama de artista brillante y marginal.

Ficha técnica

Edición: 2011
Sección: Seven Chances
Idioma original: inglés

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