JAPÓN, TERRITORIO FANTASTIQUE (2020-2026)
16 Abr 2026
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El cine japonés supo afrontar la pandemia del covid con una política de resistencia interna que se tradujo en un posicionamiento industrial autárquico, centrado en el rendimiento de las producciones dentro de su propio mercado local. La distribución internacional quedó relegada así a un papel complementario que, no obstante, ha deparado éxitos de alcance notable en determinados productos de anime y, muy especialmente, con el impacto en Estados Unidos de Godzilla Minus One (Takashi Yamazaki, 2023), que fue la confirmación del resurgir internacional del kaiju eiga, impulsado tanto por la popularidad que las producciones y series de streaming norteamericanas otorgaron al género como por la renovada voluntad de la industria japonesa de reivindicar su patrimonio cultural y reclamar la propiedad de sus carismáticos personajes.
En el escenario pospandémico, el cine fantástico japonés ha dominado la taquilla local sobre todo desde el lenguaje del anime, con éxitos desbordantes como Jujutsu Kaisen 0 (Gekijo-ban Jujutsu Kaisen Zero, Sunghoo Park, 2021), Guardianes de la noche: Tren infinito (Kimetsu no Yaiba: Mugen Ressha-hen, Haruo Sotozaki, 2020), que superó los 360 millones de dólares en su territorio, o Guardianes de la noche: La fortaleza infinita (Kimetsu no Yaiba: Mugen-jō-hen, Hikaru Kondo & Haruo Sotozaki, 2025), que a sus más de 250 millones de dólares en Japón ha sumado más de 136 millones en la taquilla internacional hasta alcanzar un total de 739 millones de dólares, récord para una producción japonesa impulsado por el modelo de distribución internacional centralizada por Crunchyroll a través de Sony Pictures International. El cine fantástico de imagen real y el cine de terror, por su parte, se han asomado más tímidamente al box office nipón, aunque con ejemplos destacables como la citada Godzilla Minus One, el live action Tokyo Revengers (Tsutomu Hanabusa, 2021), el filme de misterio A Strange House (Junichi Ishikawa, 2024), el reboot tokusatsu Shin Ultraman (Shinji Higuchi & Ikki Todoroki, 2022) o la adaptación de videojuego Exit 8 (Genki Kawamura, 2025), quizá la película de horror japonesa que mejor ha funcionado en el mercado interno en la presente década.
El anime, locomotora del fantastique en Japón
Considerar los grandes éxitos del anime reciente como productos propios del circuito del cine fantástico resulta, cuando menos, reduccionista. El triunfo de estas películas responde ante todo a un fenómeno fan transnacional cuya lógica de consumo desborda las catalogaciones de género clásicas. Más allá de las ya citadas Jujutsu Kaisen 0 o la saga Guardianes de la noche, así como del fenómeno Chainsaw Man: La película: El arco de Reze (Gekijōban Chainsaw Man Reze-hen, Tatsuya Yoshihara, 2025), un ejemplo elocuente es la saga One Piece, con su infinito catálogo de referencias de todo tipo, que también ha triunfado en la pantalla grande en la presente década con One Piece: Red (Goro Taniguchi, 2022). Lo mismo puede decirse de series clásicas como Detective Conan, Mobile Suit Gundam o Doraemon, que siguen cosechando éxitos en salas con temáticas divergentes y abiertas a evoluciones genéricas muy diversas.
Frente a este anime de franquicia existe, sin embargo, una vertiente más autoral en la que la mirada fantastique sí constituye una elección deliberada. El caso más evidente es el de Studio Ghibli y, directamente, el de Hayao Miyazaki, cuya última obra, El chico y la garza (The Boy and the Heron/Kimi-tachi wa dô kiru ka, 2023) resultó no solo una extraordinaria película de animación, sino una obra maestra del fantastique, que fue la primera producción original de anime en alcanzar el número uno del box office norteamericano y que recaudó más de 167 millones de dólares a nivel mundial, coronada con el Oscar a la Mejor Película de Animación en 2024, el segundo para Miyazaki tras El viaje de Chihiro (2001).
La vocación de género de Mamoru Hosoda ha quedado demostrada con sus filmes más recientes, como la exitosa Belle (2021), versión en clave de realidad virtual de La bella y la bestia, o la más controvertida Scarlet (Hateshinaki Sukâretto, 2025), mientras que en el caso de Masaaki Yuasa esa misma pulsión fantástica alcanzó su cota más alta con la excepcional Inu-Oh (2021), uno de los mejores animes de la década hasta el momento, que desgraciadamente no tuvo la repercusión que merecía. Sin duda, el creador de anime que mejor ha conjugado una vocación fan, autoral y una mirada fantastique ha sido Makoto Shinkai, que tras el fenómeno Your Name (2016) ha sumado en la presente década otro hit como Suzume (2022), cuya recaudación mundial cercana a los 320 millones de dólares la convirtió en la cuarta película japonesa más taquillera de la historia en el ámbito internacional, y consolidó un modelo de blockbuster de animación capaz de generar una devoción que desborda los circuitos habituales del anime para conectar con el gran público internacional. A este modelo también se ha sumado la autoría femenina, tan poco habitual en la animación japonesa, con la fantasía juvenil Tu color (The Colors Within/Kimi No iro, 2024), con la que Naoko Yamada añade imaginario a su intimista itinerario iniciado en A Silent Voice: The Movie (Koe no katachi, 2016).
Live actions, J-Horror, Kaiju eiga y otros sospechosos habituales
El fenómeno de los live actions —las versiones cinematográficas en imagen real de grandes éxitos del anime o del manga— parece haber retrocedido en cierta manera en el cine japonés actual, si bien algunos ejemplos relacionados con el fantástico, y especialmente con la ciencia-ficción, han mantenido el tipo en el box office nipón e incluso han alcanzado un buen nivel de ventas internacionales o comercialización en plataformas de streaming. Así Tokyo Revengers o Ruroni Kenshin: Final Chapter (Rurôni Kenshin. Sai Sûsho- The Final, Keishi Otomo, 2021), ambas divididas en dos largometrajes, han alcanzado un gran éxito en sus explotaciones locales, si bien no han podido evitar polémicas e incluso críticas de fans en aspectos como el reparto o la plasmación de sus universos en imagen real. Caso aparte merece el atrevimiento de Cells at Work! (Hideki Takeuchi, 2024), una especie de delirante viaje por el interior del cuerpo humano según el manga de Akane Shimizu, adaptado previamente en una serie de anime iniciada en 2018.
El llamado J-Horror —el movimiento que, a raíz del impacto global de Ringu (Hideo Nakata, 1998), consolidó un estilo de terror psicológico, atmosférico y sobrenatural reconocible en todo el mundo— se resiste a desaparecer como etiqueta productiva. Aunque ya sea menos relevante en la taquilla local, el subgénero mantiene cierto peso en las ventas internacionales y muestra una tendencia a explorar nuevas temáticas al tiempo que reivindica los estilemas que tanto éxito le dieron a finales de los años 90 y comienzos del nuevo siglo. Sus maestros clásicos —Hideo Nakata, Takashi Shimizu y Kiyoshi Kurosawa— siguen aportando ideas desde la televisión o incluso el cine, con el propósito de renovar el género mediante una mezcla de viejos temas y aproximaciones contemporáneas, como ocurre en Juego prohibido (The Forbidden Play/Kinjirareta Asobi, Hideo Nakata, 2023), Homunculus (Takashi Shimizu, 2021), Inmersión (Takashi Shimizu, 2023) o Ano ko wa daare? (Takashi Shimizu, 2024). Shimizu se ha mostrado como el más fiel a los códigos del J-Horror clásico de los tres, como muestran algunas de sus últimas películas: Suicide Forest Village (Jukai Mura, 2021), Ox-Head Village (Ushikubi Village, 2022) y, sobre todo, Melodía asesina (Minna no uta, 2023), su trabajo con más repercusión fuera de Japón en lo que va de década y en camino de convertirse en título de culto.
Por su parte, Kiyoshi Kurosawa ha vuelto recientemente al género de terror con dos obras que se sitúan, por derecho propio, en lo más alto del panteón del fantastique japonés actual: el cortometraje Chime (2024), un complemento perfecto a su obra maestra Kairo (2001) sobre un apocalipsis imprevisto que surge de lo cotidiano, y Cloud (2024), que investiga las nuevas formas de angustia y horror surgidas de los comportamientos sociales contemporáneos —en este caso, el consumo por internet— con una curiosa deriva apocalíptica. El maestro japonés continúa trazando un camino único, al imprimir en casi todos sus trabajos esa extraña marca de fábrica que conecta de forma imprevista con las formas propias del género fantástico —así puede verse también en Serpent's Path (2024), remake de su propia película de 1998—, y ha mantenido al mismo tiempo un prestigio internacional avalado por su presencia constante en los principales festivales del circuito mundial.
El reciente culto al propio J-Horror primitivo, así como al V-Cinema —los títulos de terror, acción, violencia y erotismo producidos entre los 80 y comienzos de siglo con destino a la explotación directa en home video— ha hecho surgir un microfantastique con un fuerte atractivo para el circuito de género. En esta corriente destaca Kenichi Ugana, responsable de la sorprendente The Curse (2025), así como de propuestas extremadamente personales y weird como The Gesuidouz (2024), We Are Aliens (2024), I Fell in Love with a Z-Grade Director in Brooklyn (2025) o Incomplete Chairs (2025). En una línea próxima se encuentran títulos como la trilogía Baby Assassins (Yugo Sakamoto, 2021-24) o la revenge movie adrenalínica Ghost Killer (Kensuke Sonomura, 2024), con claras reminiscencias del V-Cinema. Cabe señalar también la irrupción de una inesperada autoría femenina en este territorio, como la de la influencer Yuriyan Retriever con su sorprendente Mag Mag (2025), que abre una vía a la presencia de directoras en el cine de género japonés tras los precedentes de Shimako Sato y Kei Fujiwara en los noventa o, más recientemente, de Mari Asato y Lisa Takeba.
Dentro de este cine de formato minimalista y bajos presupuestos, resulta significativa la huella que ha dejado One Cut of the Dead (Shin'ichiro Ueda, 2017), cuyo modelo —presupuesto ínfimo, premisa ingeniosa explotada al límite y tono que oscila entre el humor y el género— ha generado una descendencia que, paradójicamente, se ha decantado más por la ciencia-ficción que por el terror. Así lo demuestran las estimulantes Más allá de los dos minutos infinitos (Dorosute no hate de bokura, Junta Yamaguchi, 2020), Mondays: See you this Week (Mondays: Kono taimu rûpu, jÔshi ni kizukasenai to owaranai, Ryo Takebayashi, 2022) y A Samurai in Time (Junichi Sanuda, 2024), todas ellas con importante proyección internacional.
Más allá de la nostalgía o la reivindicación de formatos, el género de terror japonés ha encontrado sus propuestas más innovadoras en el cruce de tres vertientes: los videojuegos, las redes sociales y el manga de terror contemporáneo heredero de un autor mítico como Junji Ito. Yuta Shimotsu sorprendió con la inquietante Best Wishes to All (Mina ni ko are, 2023) y, sobre todo, con New Group (2025), posiblemente una de las mejores películas de género del último lustro en Japón: un terror propio de la era TikTok, con imágenes derivadas del universo Junji Ito y homenajes a La invasión de los ultracuerpos, en una fiesta de terror geométrico y body horror sin sangre. En una línea similar pero con más presupuesto, Exit 8 (Genki Kawamura, 2025) adapta de forma brillante un videojuego de Kotake Create en una pesadilla sonora —con el Bolero de Ravel de fondo—, repetitiva y en clave de color amarillo, que ha alcanzado un considerable éxito en Japón y una notable distribución internacional gracias a su pase por el Festival de Cannes. La compañía Toho demostraba así su doble apuesta: por un lado, este terror de vanguardia firmado por Kawamura; por otro, un horror gótico más clásico con la notable Dollhouse (Shinobu Yaguchi, 2025), bien recibida también en los festivales especializados internacionales.
Otro de los subgéneros históricos del cine japonés, el kaiju eiga, mantiene una notable vitalidad en la década actual. Ya impulsado por el éxito artístico y comercial de Shin Godzilla (Hideaki Anno & Shinji Iguchi, 2016), el subgénero salió reforzado tras el 70 aniversario del mítico Gojira, celebrado con el lanzamiento de una copia restaurada del original de 1954 dirigido por Ishiro Honda, y culminó con el estreno de Godzilla Minus One, el mayor éxito internacional de la saga de Toho, con una recaudación mundial de más de 113 millones de dólares —57 de ellos en el mercado estadounidense— y la obtención del Oscar a los mejores efectos especiales en 2024. La magnitud del fenómeno ha convertido la nueva entrega, de nuevo dirigida por Yamazaki bajo el título de Gojira Minus 0, en la película japonesa más esperada de 2026. Al calor de este resurgir internacional del kaiju eiga, subgéneros afines como el tokusatsu o el horror yokai han recuperado terreno, con títulos destacables como Shin Ultraman (Shinji Higuchi & Ikki Todoroki, 2022) o The Great Yokai War: Guardians (Takashi Miike, 2021).
El horror en el cine japonés contemporáneo tiende a hibridarse de forma natural con el thriller de misterio, como ocurre en la exitosa A Strange House (Juníchi Ishikawa, 2024), vinculada a la investigación sobrenatural tan popular en el Japón actual, Don't Call it Mystery: the Movie (Miseuteri to Iu Nakare, Hiroaki Matsuyama, 2023) o Masquerade Night (Masquerade naito, Masayuki Suzuki, 2021). También se inscribe en este territorio híbrido el revenge thriller Lumberjack the Monster (2023) del icónico Takashi Miike, donde el director de Audition se concedió un respiro en su frenética actividad televisiva de los últimos años para volver a un registro genérico más reconocible.
El panorama del cine fantástico japonés actual se completa con una activa labor de restauración y difusión patrimonial por parte de estudios como Toho, Kadokawa, Nikkatsu o Shochiku, que han recuperado títulos del kwaidan eiga, el kaiju eiga, la ciencia ficción de la Toho, el Nikkatsu Noir o el Roman Porno. También el anime se ha beneficiado de esta política, con continuas reposiciones de la filmografía de Studio Ghibli y de títulos antológicos como Akira (Katsuhiro Otomo, 1988), Ghost in the Shell (Mamoru Oshii, 1995) o, más recientemente, Angel's Egg (Mamoru Oshii, 1985) y Ninja Scroll (Yoshiaki Kawajiri, 1993). Una labor que confirma que la industria japonesa, al mismo tiempo que produce nuevo fantastique, cuida y reivindica activamente la memoria del que ya hizo.
Ángel Sala y Jordi Sánchez-Navarro
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