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Woman In Fan

Entrevista a Laura Casabé

Lectura de 5 min.

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El verano argentino de 2001 fue puro calor y caos. El siglo iniciaba con una de las crisis económicas, políticas y sociales más significativas del país, y la generación de la directora Laura Casabé (Los que vuelven, La valija de Benavídez) entró a la adultez desde la desolación. Su nueva película, La virgen de la tosquera, usa ese imaginario para imprimir oscuridad y violencia a una historia que tiene como pilares el deseo femenino adolescente y un realismo mágico siniestro, pero cotidiano.  

¿Qué significa para ti, en este momento que está viviendo el cine argentino, haber hecho una película que esté ganando interés internacional, y que además sea cine independiente?  

Fue muy difícil hacer esta película en el momento en el que la filmamos porque fue la transición de gobierno, y el cine argentino está viviendo un momento muy duro de prácticamente cancelación de películas. Para mí es súper emocionante y significativo que sea una película independiente hecha enteramente con fondos públicos. No hay capital privado, entonces pudimos tener muchísima libertad. Yo no sé si esta película hoy se podría filmar en Argentina, lo dudo seriamente. Entonces, el reconocimiento de que se haya estrenado en Sundance y que ahora esté teniendo este recorrido internacional me emociona. También me parece que es significativo e importante, sobre todo porque es un momento en Argentina en el que se está bastardeando mucho este tipo de cine. La virgen de la tosquera toma como base dos cuentos de Mariana Enriquez (“La virgen de la tosquera” y “El carrito”) de Los peligros de fumar en la cama. 

¿Cuál es tu conexión personal con la obra de Enriquez y de dónde surgieron las ganas de trabajar con sus cuentos?  

Yo soy lectora de Mariana Enriquez y tengo un vínculo con la literatura casi tan intenso como con el cine y con el terror desde muy pequeña. Leí los cuentos de Mariana inmediatamente después de que fueran editados. Y fue encontrar en ella una voz muy particular que sentía que me representaba, y una forma de contar historias y de encarar el lenguaje del terror desde un lugar muy local, pero también con una vertiente universal. Yo creo que había algo de esos cuentos que me estaba hablando a mí, a mi generación, a mis amigas, al mundo en que había vivido, y a mi manera de mirar el mundo. Pasados un par de años, me animé a escribirle un mail a Mariana y a pedirle para trabajar con estos dos cuentos. Esta película es más una transposición que una adaptación, y creo que no es solamente tratar de respetar la obra, sino de transmitir qué es lo que me sucedió a mí y a Benjamín Naishtat, el guionista, cuando leímos los cuentos. Qué es lo que podemos aportar nosotros sobre esa historia y cómo nos atravesó. 

¿Cómo llegaron a la decisión de ambientarla en la crisis del 2001 y qué consideras que le aporta a los relatos este contexto? ¿Cómo fue el desarrollo de esta ambientación tan orgánica?  

La idea de que la película sucediera durante la crisis del 2001 estuvo desde el comienzo, porque inicialmente pensamos que “El carrito” era una referencia concreta a la crisis. También yo tenía ganas de hacer un coming of age, y de contar cómo había sido el pasaje a la adultez para mi generación. Yo tengo la edad de Natalia. Lo que quería era contar una historia de iniciación, de comenzar la vida adulta en un contexto de muchísima violencia y en el que había una sensación de cancelación del futuro. Era algo que estaba en el aire, pero de lo que no éramos conscientes. Como fanática del terror, esto me parecía interesante para usarlo como materia prima para el género. Usar el imaginario y la mitología del 2001 para transformarla en una maldición. Esto estuvo claro desde el inicio, y después fue ver cómo lo íbamos a traducir, cómo hacer un relato más cotidiano y no lo que aparecía en las noticias. Cómo era el día a día en ese momento desde el punto de vista de una adolescente que está enamorada y quiere tener sexo. 

Comentabas que “El carrito” es una especie de alegoría de la crisis, pero ¿cómo surgió la idea de que las imágenes de “El carrito” sean nuestra introducción inquietante a este mundo?  

Recuerdo haber leído el cuento y quedar completamente imantada con la escena inicial de “El carrito”. Entonces es algo que siempre estuvo presente, y luego fue ver cómo hacer que la trama de “La virgen de la tosquera” —el cuento que nos interesaba explorar más— viviera dentro del universo de “El carrito”. Pero esa escena inicial estuvo en todas las versiones del guion, y a partir de ahí fue el largo camino de cómo fusionar los cuentos. En el montaje también fue un desafío lograr que convivieran orgánicamente. Nosotros también decidimos hacer el cambio de trabajar solo con el punto de vista de Natalia y entender cómo lo que estaba sucediendo en la calle —y en “El carrito”— le estaba hablando a Natalia, le estaba comunicando algo. Pero casi que te diría que si esta película existe, es por esa escena inicial de “El carrito”.  

Tanto en tu película anterior, Los que vuelven, como en La virgen de la tosquera tienes personajes femeninos centrales, pero con dinámicas muy diferentes. En esta película hay una confrontación, un antagonismo. ¿Cómo trabajaste ese vínculo entre Natalia y Silvia para desarrollar un enfrentamiento que fuese orgánico y que no cayese en tópicos de mujer-versus-mujer? 

Fue bastante delicado lograr ese equilibrio, porque tenía muy claro que no había que caer en un lugar maniqueo y muy evidente, muy teen. Lamentablemente, la mayoría de las películas, incluso las que hablan de mujeres adolescentes, han sido filmadas por hombres. Y la forma de encontrar el pulso de esto fue la experiencia personal, estos cuarenta años de ser mujer y de vincularme con amigas. Y también de una exploración muy concreta y muy racional de lo que sucede intuitivamente con las mujeres con las que me rodeo. Teníamos mucha conciencia de que no queríamos caer en un lugar maniqueo, que queríamos contar todos los grises que hay en la forma de relacionarse entre chicas, con las amigas y también con las mujeres con las que compites, las mujeres que te generan admiración… Y viniendo de esta ola feminista, también había una sensación de no querer sacralizar los vínculos femeninos, de no romantizarlos. Porque creo que ha habido una idealización de los vínculos femeninos. 

Y una idea de que representar “bien” a las mujeres implica que sean personajes buenos…  

Un poco quería faltarle el respeto a cómo se habían representado los vínculos entre mujeres. Que es algo que también viene de la literatura de Enriquez. Si bien las chicas de ella son diferentes a las de la película, sí creo que es una de las cosas más interesantes que plantea: cómo una forma de horror es cuán horribles podemos ser entre nosotras. Y creo que eso es hablar desde un lugar muy honesto. 

Por Brunella Tedesco

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