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Entrevista a Jan Kounen

Lectura de 4 min.

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En el año 1956, Richard Matheson publicó El hombre menguante, donde Scott Carey ingiere insecticida por accidente y después se expone a una nube radioactiva. Estos dos infortunios provocarán una mutación fatal que lo hará cada día más pequeño. Ciencia ficción de carácter existencialista, adaptada al cine un año después por el propio autor y dirigida por Jack Arnold. El increíble hombre menguante se convirtió en un filme de culto, con Grant Williams enfrentándose al gato de la familia y a una araña «gigante». Ahora, Jan Kounen nos presenta El hombre menguante (L’homme qui rétrécit), una nueva visión de la novela original, que él mismo ha escrito y dirigido. Hoy, viernes día 16 de enero, la película se estrena en España.

¿Cómo surge el proyecto? ¿Es algo personal o un encargo?

La idea fue de Jean Dujardin, que se la propuso a Alain Goldman, el productor. Tardaron más de un año en negociar los derechos para adaptarla y, cuando los consiguieron, se pusieron en contacto conmigo para que me encargara de escribir el guion.

¿Cuál es tu relación con el fantástico?

A pesar de haberlo explorado mucho en mis cortometrajes, es un género en el que siempre he querido profundizar más. Me encantan la ciencia ficción y la fantasía. Vibroboy, mi primer corto, es de terror. Pensaba que nunca más haría algo así de género, y me propusieron esta película, y fue un regalo para mí. Yo en Francia no tengo el poder de llegar a un productor y decirle: «quiero hacer esto». Pero Jean sí lo tiene, y por eso fue maravilloso.

Tu trayectoria demuestra que eres un director interesado por el aspecto visual en tus películas, tal como se ve en Dobermann y Blueberry: La experiencia secreta.

Creo que eso es una parte esencial a la hora de concebir un filme. Esta película fue un reto, más que otras, en lo que respecta a los efectos visuales y a que nuestro departamento pudiera integrarse bien para trabajar como queríamos. Fue un gran desafío y conseguimos bastante dinero. Por cierto, aunque para Francia haya sido un gran presupuesto, para el extranjero no lo es tanto.

¿Cómo ha sido el proceso de creación de los efectos visuales?

Bastante complejo, la verdad. Se trata de un método que se basaba en filmar al actor con una cámara libre y detectar con precisión sus movimientos. A continuación, se reducía y se repetía exactamente el mismo movimiento de cámara, pero a una escala menor, utilizando un sistema de control de movimiento para las tomas complementarias. La mayor complejidad residía en la combinación de estas dos partes. Esta técnica, aplicada a cuatrocientas tomas, era extremadamente larga: una única toma podía tardar hasta diez semanas adicionales en el estudio para completarse. Ha sido un proceso arriesgado y largo, pero ha funcionado para conseguir la atmósfera deseada.

Teniendo en cuenta que el título de Jack Arnold es un clásico, ¿hay un vértigo extra a la hora de aceptar el proyecto?

Debemos dejar claro que no se trata de un remake, sino de otra versión de la historia original. De una adaptación del libro en la actualidad. Esto ha sucedido desde siempre con la obra de Victor Hugo, por ejemplo. El tema de las versiones siempre ha sido una constante en el mundo del cine. Mira los casos de Drácula o Frankenstein, por ejemplo, que tienen diferentes versiones. En este caso, nos encontramos con un libro importante dentro de la literatura de ciencia ficción, aunque no es tan conocido como debería, pese a ser un clásico. Así que, como cineasta, siempre es válido volver al libro, tomar elementos y llevarlos a la película. Nuestra intención es venerar la primera adaptación y poder llegar a las nuevas generaciones con esta. Hemos respetado el viaje heroico, la esencia del libro y la visión de Jack Arnold, así que estoy muy contento con el resultado final.

¿Cuáles son tus principales referentes en el género?

Debo confesar que ya no veo películas de terror. De las de terror de verdad, de esas que dan miedo. Cuando era joven me gustaban mucho, pero ahora ya no tanto. Siempre he considerado que la película de terror perfecta se hizo en 1980 y que nunca podrá superarse: El resplandor. Podríamos abrir un debate sobre si el hecho de que esta sea tan buena hace que Stanley Kubrick sea el mejor director de películas de terror. Tal vez sí, pero no estoy seguro. Pensándolo bien, soy consciente de que me encanta Joe Dante. Cuando era más joven era muy fan suyo y de cómo en su filmografía se mezclan la comedia con un humor más negro y el horror. Si lo miro en perspectiva, me gusta mucho cómo ha dirigido su trayectoria. Nunca había pensado quién es mi director de terror favorito, así que gracias por la pregunta. En este mismo sentido, podría decir que el tono del cine de Sam Raimi también lo sitúa en este espectro, y por eso podría considerarse uno de mis principales referentes. Me fascina Posesión infernal y cómo se mezclan los sentimientos: el miedo y la risa forman una buena alianza. Creo que el trío Kubrick–Dante–Raimi es una buena terna de nombres para acabar subrayándolos como grandes maestros del género.

Por Javier Parra

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