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"La libertad es la puerta de entrada": Una conversación con Takashi Miike, padrino de Fantastic 7

Lectura de 5 min.

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Introducción

En un arte tan costoso como el cine (en lo económico, pero también en lo referente a coordinar grandes equipos de profesionales), el objetivo primordial de un director tiene que ser conseguir concretar cada proyecto, tanto los que él mismo propone como los que terminan en su mesa. Construir así una filmografía; una colección de oportunidades no desperdiciadas, en las que salga a relucir una visión propia. Una voz inconfundible, un sello personal, intransferible.

 

Ahora mismo, entre cortos, largos, series y vídeos musicales, en el CV de Takashi Miike encontramos casi 150 títulos. Y es muy probable que cuando hayas terminado de leer esto, la cuenta haya subido en por lo menos un par de puntos. 35 años de experiencia le han llevado a construir una de las filmografías más prolíficas en la historia del cine, y lo mejor es que su arte no muestra síntomas de agotamiento (sirva como prueba la película con Charli XCX que tiene agendada para el año que viene).

 

Más de tres décadas sostenidas en un ritmo infernal de producción, en las que han ido calando títulos tan fundamentales como Audition, Ichi the Killer, La felicidad de los Katakuri, Visitor Q, Gozu. El camino a la locura, Crows Zero, 13 asesinos, Phoenix Wright: Ace Attorney, First Love… Cuando el mundo empezaba a dejarse seducir por la última ola del J-Horror, él ya había sentado cátedra, cuando nos preguntábamos si los videojuegos casarían alguna vez con el cine, él dio con la solución (como lo hizo con la transición del anime a la imagen real), cuando nos reencontrábamos con el 3D, él lo usó para revisitar el material sagrado de Masaki Kobayashi…

 

De la pulcritud litúrgica del chanbara a las aventuras espaciales más delirantes; de los encargos de estudio a las propuestas que sólo pueden surgir de inquietudes radicalmente autorales. Siempre con la misma energía y compromiso; nunca sabiendo, de inicio, dónde nos van a llevar estas fuerzas de la naturaleza. A un thriller de yakuzas, tal vez, o a lo mejor al terror de casas encantadas, o a dramas judiciales, o a un noodle-western, o a comedias -gloriosamente- absurdas, o a superhero movies excéntricas… Sin fronteras, sin miedo a perder el control, sin límites que puedan contener un cine que se desgañita siempre que ve la ocasión, y que coherentemente no entiende de tabús.

 

Si alguna vez tuviste un pensamiento invasivo que, por miedo a que te sobrepasara, o por pura incomodidad, quisiste expulsar de tu cabeza, reconfórtate (o tiembla) al saber que Takashi Miike seguramente ya lo puso en alguna de sus -infinitas- películas.

 

Entrevista

Con motivo de su nombramiento como padrino de la próxima edición de Fantastic 7 en el Marché du Film – Festival de Cannes, Takashi Miike reflexiona sobre una trayectoria cinematográfica singular definida por la autonomía creativa, la experimentación radical y una devoción inquebrantable por el cine. Desde sus encuentros formativos con iconos del cine popular hasta su inesperada entrada en la industria y su evolución hacia convertirse en uno de los directores más prolíficos y audaces del cine japonés contemporáneo, Miike articula una filosofía basada en la libertad, la disciplina y la entrega total a la película. Esta entrevista recorre los orígenes de su relación con lo fantástico, su ética de trabajo y sus expectativas hacia una nueva generación de cineastas moldeada por las infinitas posibilidades de la era digital.

 

ORÍGENES

Tu cine parece estar marcado por impactos formativos y encuentros inesperados. Si miras atrás, ¿qué imágenes o experiencias tempranas fracturaron tu percepción del cine y abrieron la puerta a algo más radical?

Para un niño nacido en 1960, el cine significaba anime, Godzilla y Gamera.
Mi primer encuentro con una película extranjera llegó cuando mi padre —algo inusual— me invitó a un cine local a ver Duel de Steven Spielberg. Según recuerdo, se estrenó en salas solo en Japón. Yo tenía diez años. Tras la proyección, mi padre, que amaba el cine, murmuró: “No costó mucho, pero fue interesante”. Ese comentario tuvo un impacto profundo en mi vida. Me enseñó que el poder de una película no depende de su presupuesto. Poco después llegó Bruce Lee. Empecé a ahorrar mi paga para ir al cine.

En el instituto, vi La matanza de Texas, que me dejó destrozado. Aun así, nunca pensé en convertirme en director ni en trabajar en un rodaje. Para un chico al que los sueños y aspiraciones le habían decepcionado repetidamente, era algo natural.

Entonces, ¿por qué me matriculé en una escuela de cine (Academia de Radiodifusión y Cine de Yokohama)? La respuesta es simple: no había examen de acceso.

En realidad, apenas asistía. Pasaron dos años mientras trabajaba en empleos a tiempo parcial y montaba en motocicleta. Mientras tanto, los estudiantes serios preparaban sus proyectos de graduación.

 

CONVERTIRSE EN CINEASTA

Tu camino hacia el cine fue cualquier cosa menos convencional, casi accidental. Mirando atrás, ¿crees que ese comienzo inesperado te dio una mayor sensación de libertad como director?

Como mencioné, mientras mis compañeros estaban ocupados con sus proyectos, la escuela recibió una solicitud de trabajo para un asistente de dirección.

Personal de la escuela: “Todos nuestros estudiantes están ocupados con sus proyectos de graduación. No tenemos a nadie que recomendar”.
El solicitante, aparentemente desesperado: “Entonces preséntenme a alguien que ni siquiera venga a clase”.
Personal de la escuela: “…Hay uno”.

Ese fue el momento en que me volví útil para alguien por primera vez.

A partir de entonces, pasé diez años trabajando como asistente de dirección —sirviendo a la película y al director— y aprendí los fundamentos del cine.

Con el tiempo, me pidieron dirigir. Por supuesto, era un proyecto de presupuesto ultra bajo. Pero a cambio de ese presupuesto limitado, se me concedió libertad. Y la libertad es la puerta de entrada al cine fantástico.

 

LO FANTÁSTICO COMO TERRITORIO

Has descrito la libertad como algo intrínseco al cine de bajo presupuesto. ¿Dirías que, en tu obra, lo fantástico surge precisamente de ese espacio donde la limitación se convierte en posibilidad creativa?

No vivo para mí mismo, sino para la película. Para mí, el cine no existe para mi futuro: es absoluto.

Deseos como ser reconocido como director, hacerme famoso o ganar dinero han desaparecido. Me entrego por completo. Me convierto en un esclavo de la película.

 

FILOSOFÍA DE CREACIÓN

Tus películas suelen situar a los personajes bajo una presión extrema, donde parece emerger algo latente. ¿Qué te atrae de esos momentos de intensidad y qué revelan sobre la naturaleza humana?

Cuando las personas están acorraladas —cuando son llevadas al límite—, una fuerza dormida despierta.

 

EL FUTURO DE LO FANTÁSTICO

Como padrino de Fantastic 7 en el Marché du Film, ¿qué tipo de cine te gustaría ver surgir del género fantástico en los próximos años?

Tengo grandes expectativas para la nueva generación de cineastas que han crecido inmersos en el océano digital desde su nacimiento.

Quiero que creen películas que nunca hayamos visto antes. Espero encontrar algo verdaderamente impactante, como el efecto que Bruce Lee tuvo en mí cuando era niño.

 

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